
Iba a hablar en un principio de la visita ayer a las cataratas del Niágara. Luego pensé que mejor sería escribir una entrada sobre el camino despejado que Italia ha tenido hasta la copa del mundo (el culo de Italia, que no tiene fin), pero he pensado que eso no sería original. Por último, sopesé el narrar la visita que he hecho al lago esta misma tarde, andando desde mi casa hasta West Beach. Y ha sido allí, en el lago, oteando la vasta extensión de agua y la CN-Tower desde la distancia, a 9 kilómetros de mi posición, cuando me he dado cuenta de que lo que verdaderamente me apetecía era hablar de piratas.
Los piratas son un símbolo de libertad o así lo entendieron los románticos. Un corsario era conocido por su afán de riquezas desmedido, sí, pero también por su irreductible espíritu libre. Desde que a los 11 años me decidiera a leerme el ejemplar ilustrado de El Corsario Negro que mis padres compraron al simpático señor que se acercaba a casa a vendernos libros y enciclopedias, en mi corazón quedó sembrado un poco de ese espíritu que filibusteros y bucaneros compartían por igual. Sandokán y Yáñez de El tigre de Malasia, la siguiente lectura, solo contribuyeron a cimentarlo.¿No será mi estancia aquí una consecuencia de esas primeras lecturas? ¿De dónde viene ese ansia de aventuras y esa voracidad por conocer mundo? No nos engañemos, hoy en día todo el mundo presume de que le gusta viajar (entendiendo viajar por consumir como turista cualquier destino). A mí me gusta viajar,pero no de la forma en que viajan algunos, más interesados en completar las fotos de los lugares subrayados en las guías de viaje para llegar a casa y mostrar a todo el mundo la de cosas que ha visto. A mí me gusta viajar pero no me gusta ser turista, porque el turista no conoce más allá de los estereotipos. Un ejemplo: cuando estuve de Erasmus viví con una familia danesa. Comía con ellos, vivía con ellos, escuchaba sus conversaciones, ayudaba en el jardín... La gente todavía se pregunta por qué me gusta tanto Dinamarca. Quizá porque yo sí tuve una experiencia danesa, no como el 99% de la gente que estuve allí (cuyo concepto de experiencia danesa consistía en tirarse a un natural de la zona). Lo mejor de aquello fue la sensación de libertad. Vivía como ellos pero respiraba aliviado porque la rutina que a ellos les encadenaba a esa tierra jamás me atraparía a mí. Yo no tenía raíces allí, no tenía grilletes que me encadenaran a Jutlandia, con más o menos recorrido. Lo mismo me pasa aquí y lo mismo le pasa a los piratas. Ellos vivían en función de su barco y su barco viraba a babor o a estribor en función de los designios del capitán.
Los turistas que ayer se arremolinaban en torno a las cataratas del Niágara dudo que entendieran el verdadero significado de semejante caída; no por falta de capacidad intelectual si no por falta de tiempo para reflexionar. Cuando uno es un turista se ve agobiado por esa incesante necesidad de abarcar todo ya que probablemente no habrá otra oportunidad para visitar ese destino: es una tontería irse de turismo dos veces al mismo sitio cuando lo que uno quiere es "ver cosas". Algunos esa sensación la trasladan a su vida y quieren hacer muchas cosas pensando que la vida se le escapa, sin tomarse el tiempo suficiente para paladear cada experiencia. El consumismo empieza por uno mismo.
En el fondo, me gustaría ser como el pirata de la pata de palo, un tipo sin ataduras, con su propia ética, con la única responsabilidad de sobrevivir y con la capacidad de viajar a dónde quiera cuándo quiera... Soñar no cuesta nada; ver al capitán Sparrow en el nuévo capítulo de la saga piratesca que Vidal y Bruckheimer han puesto en la pantalla grande, solo unos pocos euros. Un consejo, id al cine a ver Los piratas del Caribe. El cofre del hombre muerto y olvidaros durante dos horas y media de que desgraciadamente los únicos "piratas" que existen en nuestras vidas son aquellos que dan trabajo a la SGAE para que vivan del cuento. Yo ya lo hice la semana pasada, lo de ver la película no lo de dar trabajo a Ramoncín y sus compinches.;-P


4 comments:
Ey, que gracias por la crítica, Txetun. De mi parte y de todos los de la página.
Ya que hablas de los espíritus libres, de las cosas que hacer en la vida, del consumismo y lo que realmente nos parece importante me permito recomendar una peli, canadiense por cierto, que acabo de ver y me ha encantado:
Las invasiones barbaras
(gano el oscar a mejor peli extranjera en 2004, igual el oscar que mas valor tiene por ser tantas pelis buenas que compiten).
Por cierto que la pelicula es francofona, pero es muy muy distinta al cine francés y los actores también: no he visto el aire subido de los franceses. Me ha sorprendido gratamente ver esas diferencias, desde luego estás en un país excepcional, aprovecha esa suerte y apuntate a unas clasecillas en francés también, que demoñios!
Er Nacho asyusual que nunca firma...
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