2006/07/04

Fin de Semana (I): Ottawa is awesome


El 1 de julio es el día nacional de Canadá. A tal efecto, Ottawa, la capital, organiza una serie de eventos para conmemorar la independencia de este país. Teniendo eso en cuenta y considerando además que el lunes no tenía que trabajar precisamente porque el Canada's Day, al coincidir en sábado, se pasaba a ese día para no perder un festivo, decidimos irnos a Ottawa. Si abrís un mapa de Canadá, veréis como Ottawa y Toronto se hayan uno al lado del otro. Bien, pues de Ottawa a Toronto hay como 400 kilómetros en línea recta, pero que en carretera se convierten en 4 horas y algo. Para colmo, el concepto de "salida escalonada" no cabe en la cabeza de un "square head" torontiano, así que si corres el riesgo de quedarte atrapado en un atasco, esas cuatro horas pueden convertirse en 9 (y no estoy exagerando). El caso es que David, avisado por sus compañeros de trabajo, decidió salir a las 4 de la mañana de Toronto para llegar a las 8 a Ottawa y aprovechar todo el día allí. Después, nos iríamos a Montreal a pasar el domingo y el lunes, y yo me volvería a Toronto de madrugada. Así lo hicimos, me fui a acostar a su casa; nos levantamos a las 3:20 a.m. y fuimos a Scarborough (el equivalente a un Móstoles cerca de Toronto) para recoger a dos chicas amigas de David que también querían pasar el fin de semana en Ottawa.


A las 8:15 a.m. llegamos a Toronto siguiendo unas indicaciones sacadas por internet. Nada más llegar en la casa de una amiga de las chicas que nos acompañaban nos esperaba un desayuno a la canadiense, solo faltaban los pan-cakes y el sirope: huevos, café, queso y bacon. Justo cuando me lanzaba a degustar tales manjares, todos los asistentes a la mesa, David incluido, me sorprendieron en fuera de juego santiguándose y disponiéndose a bendecir la mesa. Después, con la furgoneta que nos había trasportado sanos y salvos (aunque faltos de sueño e irritables) de Toronto a Ottawa, bajamos al Downtown donde aparcamos el vehículo en un parking y nos dispusimos a pasar de la mejor manera posible el Día de Canadá.


Allí estuvimos, una vez Veronique, venida de Montreal, se nos unió. Estuvimos pasando el día entre pacíficos canadienses agitando compulsivamente sus banderitas y moviéndose de un lado al otro de la ciudad siguiendo impulsos a lo hamster. Muy curioso. Ni un ruido, ni una pelea... Nadie bebía en la calle (pues está prohibido) y la sensación de fiesta para mí era nula. Eso no impidió que me lo pasara en grande disfrutando de los conciertos gratuitos y del ambiente festivo que recorría la ciudad.


Entre las cosas reseñables, pude ver una demostración de la Royal Canadian Mountain Police (La policía montada del canadá, como nosotros los conocemos) y disfrutar de las excentricidades de algunos, muy imaginativos a la hora de demostrar su orgullo canadiense. Es una pena que seamos la única nación del mundo que no sintamos orgullo por ser de dónde somos y escondamos nuestra bandera y nuestra herencia común avergonzados por quien sabe qué. Si alguien me lo puede explicar, se lo agradecería.

A la espera de preparar un fotolog de apoyo, disfrutad de las pocas fotos que he colgado aquí. Mañana hablaré de Montreal y de los dos días que pasé en la "ciudad más europea de Canadá".

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