
Un Gasol desmotivado y unos Grizzlies con la consigna de perder cuantos más partidos mejor para optar a una buena elección en el próximo draft (no lo sé a ciencia cierta, pero tras verlos jugar ayer, me lo imagino) contagiaron a los Raptors que se fueron al descanso tras haber sacado el salami y el queso (como dije aquí en una ocasión, Chuck Swirski suele decir eso cuando está más que cantado que los Raptors ganan: "Bring out the salami and cheese, mamma"). El mejor español en la cancha fue Calderón, que demostró, una vez más, que es el único - y en mi opinión, el mejor - base de los Raptors, y eso que estuvo fallón, con 7 pérdidas provocadas porque se empeñó en dar asistencias cuando ninguno de sus compañeros quería la pelota; lo único que apetecía ayer era irse pronto a casa. El partido, un paripé: si Gasol no quiere jugar, los Grizzlies son un sparring desmotivante. Ya he leído algún artículo donde se le compara - al extremeño - con Nash, ayer dió dos o tres pases que me recordaron al mejor Stockton(qué pena que no tenga un Malone o un Marion en el equipo que luego las meta).

Raptos won, Raptors won, Raptors won... y Gasol se fué suspirando, con ganas de que se acabe la temporada y con ella, este mal culebrón que lo tiene desaprovechado en Memphis. Yo me fuí a casa, soñando con un anillo ganado por Gordon, Heinrich, Wallace y Gasol, vistiendo la elástica roja, caminando hacia una carrera que culminara con su 16 al lado de un 23 colgado de una cancha que no conoce lo que es un campeonato desde que un tal Jerry Krause se empeñara en hacer desaparecer ese equipo imbatible con Jordan sobre el caballo y Pippen de escudero. Otro Jerry, West, el que legó su silueta al logo de la NBA truncó ese sueño a finales de Febrero. Lo que hubiera dado por ver una zona con Wallace y Gasol...


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