
Cuando llegas y te das cuenta de que es un karaoke, lo primero es meditar si sales y te echas unas risas y cantas. Siempre acabas pidiendo el libro, mirando de arriba a abajo las canciones, sopesas un par de ellas, las descartas, buscas uno que crees que fijo no va a estar, cuando aparece concluyes en que tu voz no es la adecuada para cantar esa canción - o cualquier otra excusa - mientras ves la caterva de indígenas que salen y te vas animando y animando hasta que sale un revienta karaokes. El viernes fue así, primero cantó para romper el hielo el presentador/responsable/dj de moda - no sé si os he contado que ahora vivo muy cerca de Church, y esa calle, a la altura de Wellesley, es ya pleno barrio gay - : un tirillas de gimnasio con pantalones ajustadillos y camisilla más ajustadilla y un gorro de cowboy que cantó With or Without you y que jaleaba al personal con un marcado deje afeminado (vamos, un trucho que diría aquel, y vacíese de toda connotación despectiva, es para que os hagáis a la idea). Luego dos freaks auténticos que pensaban que eran guays - cantando It's not unusual y the eye of the Tiger, que iban en grupito con la novia de uno, y que montaban el show -; acto seguido salió el doble de Napoleón Dynamite que sorprendió con Santeria de Sublime y que lo hizo bastante bien - de hecho el nota daba un poco de asco, todo geek él, con un pibón de novia y con una voz el joputa... La cosa no iba mal y entonces, zas, el revienta karaokes. Un híbrido entre Fher de Maná y Antonio Flores salió y se marcó una baladita jeviesca ochentera - que yo no conocía - con un chorro de voz en plan grunge que heló la sangre a las dos infelices que del grupo dónde estábamos todavía barajaban la posibilidad de salir. Luego la cosa fue a peor porque empezaron a salir los enemigos de todo dominguero de los karaokes: los habituales del garito. Los habituales son tipos que con voces increíbles y acostumbrados al repertorio del lugar, hunden a los neófitos. Hasta se permiten el lujo de aglutinar fans incondicionales. Los habituales de aquel garito se marcaron desde el Closer de Nine Inch Nails hasta Bobby McGee de la Janis Joplin - y para cantar a Janis Joplin y no hacer el ridículo hay que tener dos cojones bien puestos. What a level!!!

La verdad es que me sorprendieron dos cosas: el rollito country que llevan por estas tierras - el tipo que más triunfó, con diferencia, fue un pavo con una voz de country total que se echó un tema que todo el mundo coreaba y es que el tío lo hizo genial - y el poco sentido del ridículo que tienen en Canadá. Al final las dos incautas salieron y cantaron, y un coreano que estaba con nosotros - un refugiao - incluso se echó dos temas - la madre que le parió qué mal cantaba. La misión se cumplió, nos echamos unas risas, nos bebimos unas birritas y salimos del antro bastante entonaíllos. Hasta me quedé con ganas cantar algo, que para eso están los karaokes. Y es que hay una cosa que sí que me gusta de aquí y que echo en falta en España: aquí la gente no tiene miedo al ridículo y eso es muy necesario a veces para echarse unas risas. Los karaokes, como centros de terapia para quitarse las vergüenzas son formidables, de ahí que esta entrada sea para defenderlos a ultranza.
Comentarios y anécdotas varias sobre karaokes, por favor, donde siempre.


1 comment:
Nuna he ido a un karaoke, y no por falta de ganas. No sé si sería capaz de salir delante de todo el mundo y cantar,e un temita, aunque, francamente, me encantaría hacerlo.
Lo que quiero reivindicar es la versión light del karaoke, osea, el sing star. Una fiesta con este jueguecillo puede ser muy divertida, y es que...¿a quién no le mola cantar un temita con una cervecilla en la mano?
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