
Hace ya algunos años tuve la ocasión de leerme un libro excelente de Eduardo Garcia Matilla titulado Subliminal: escrito en nuestro cerebro; en él se ofrecen algunos ejemplos de lo que el autor entiende que son usos de técnicas subliminales en la publicidad. En esto, como en casi todo, la gente se divide en dos grandes grupos:
a) Los defensores de que los profesionales de la publicidad tienen una ética rígida que les impide hacer uso de esas técnicas y que afirman que esos ejemplos dados por Matilla y otros son producto del resultado de una mente calenturienta
b) Aquellos otros como el ilustrísimo profesor Felicísimo Valbuena de la Fuente, cuyas teorías pueden quedar fácilmente ilustradas con alguna de las frases soltadas en el transcurso de alguna de sus clases magistrales. Cito alguna de memoria : "Los publicistas tienen la mente más sucia que los pornógrafos y además son todos cocainómanos" (y ahora es cuando pido a algún excompañero de facultad que por favor corrobore mis palabras). Ni que decir que fue una de las asignaturas en las que más aprendí (sobre la filmografía de Hitchcock, episodios de Colombo, aventuras de Sherlock Holmes...) y de las que más disfruté (memorable ese examen pasándonos las respuestas en los servicios, cuando el Rafita fue pescado por la becaria maligna y expulsado del examen sin derecho ni a un abogado... por no hablar de que, aunque todos tuvimos respuestas diferentes - en un examen tipo test -, todos acabamos sacando la misma nota: UN 7). Pues bien, la gente que se alinea con el profesor Valbuena (yo entre ellos), no creemos que tanta coincidencia pueda ser posible ni que tengamos la mirada tan sucia (o sea, algo sucia sí, pero no tanto).
Un ejemplo:
¿Versión buena?
Como véis, el subtítulo no convence. Además hay algo raro. Uno ve el anuncio y le hace gracia ver a un chavalín con la lengua de trapo pero hay algo más...
Pasamos el mismo ejemplo por las manos de unos expertos reconocidos (expertos en "lo suyo", claro) que lo han sometido a un arduo análisis y resubtitulado.
Veamos ahora...
Definitivamente, estos subtítulos sí que parecen coincidir... y todo queda claro. El niño hace tanta gracia porque está hecho un cabronazo, y aunque su opinión real es censurada y substituida por otra dictada a nuestra consciencia por los substítulos, a través de nuestros oídos nos llega un mensaje totalmente contradictorio, lo que provoca un cachondeo padre en nuestro inconsciente ¡OTRO EJEMPLO DE PUBLICIDAD SUBLIMINAL!
Y con esto acaba la clase de hoy. ¿Subliminal en publicidad? Noooooooooooooo.


2 comments:
vendido! izzystradlin es un cocainómano publicista... jejejejeje.
Quizá sea un mito y quizá no... Lo que está claro es que la percepción subliminal existe y tiene efectos en el subsconsciente (y en el busconsciente también, que se me laba la trengua). Otra cosa es que la publicidad subliminal sea TAN efectiva o no y que se use o no; pero hay tantos anuncios que sugieren sin decir, que muestran sin mostrar...
Yo, personalmente, creo que sí existe, que está muy extendida (sobretodo en la publicidad fija -vallas y soporte escrito) y que, encima, desde el mundo de la publicidad se adopta una postura totalmente cínica sobre su existencia (porque ellos mismo saben qué sí la usan). Como he dicho antes, cosa distinta es que determine más del 45% de la decisión de compra.
VENDIDO, VENDIDO, VENDIDO... jejejeje
Eso, es uno de los más regulados con el código de "autorregulación" (lo cual significa que ELLOS mismos se marcan sus límites, lo cual es una falacia increíble y un cinismo exacerbado porque la verdad es que hacen lo que les da la gana).
En eso estoy de acuerdo, suelen retirar a la mínima los anuncios cuando los cuatro gilipollas de turno de las diferentes asociaciones o lobbies se quejan (principalmente los colectivos feministas, que no paran de dar por culo porque se aburren). Ahora bien, solo suelen denunciar lo evidente.
Recuerdo hace unos años cuando pusieron un anuncio de aceite de oliva VIRGEN en el que salía una niña pequeña maquillada como una prostituta que se limpiaba la cara... A mí, personalmente, me pareció fatal porque ese anuncio jugaba con alusiones veladas que CLARAMENTE incitaban a pensar en cosas como la pederastia y la prostitución infantil. Pues el anuncio salió de rositas. ¿por qué? Quién lo sabe, supongo que porque da vergüenza decirle a un publicista que un determinado anuncio te ofende por su carga sexual implícita por miedo a que te tachen de obseso.
La publicidad (en el ámbito privado) solo tiene un principio regulador: AUMENTAR LAS VENTAS (directa o indirectamente). Y en base a eso todas sus acciones van encaminadas; y el mito del código de autorregulación no es más que un salvoconducto para colar con prácticas deontológicamente reprobables el 68% de los anuncios que nos cuelan saltándose el mismo código con el que "tiran" el 32% de los anuncios restantes.
Con todo, hay anuncios que son auténticas obras de arte.
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