2006/05/21

Desidia



Desidia: negligencia, inercia. Tomando la segunda acepción, puedo hacer válida la letra que Rober malentonaba con su cascada voz de excesos y cuyo título dió nombre al disco en el que aparecía. "Se me come la desidia", por las patas.

Dos días aquí, en la habitación, dejándome llevar por la inercia de los acontecimientos. No es que me pase algo; simple y llanamante, no me apetece salir. Creo que es el tiempo. Llueve, con intermitencia sale el sol, vuelve a llover... La gente por aquí sale. Para ellos no hace mal tiempo. Encorsetado con mis costumbres heredadas del otro lado del charco; yo prefiero no hacer el malakas y quedarme en casita.

Podría salir, marcar al azar entre el puñado de teléfonos que ya atesoro, preguntar "¿algo para hoy?" y salir... Pero entonces tendría que luchar para que la desidia me soltara y sería una escena tan cómica como cuando un saltamontes lucha por zafarse de la boca de un lagarto. La desidia lo puede todo y yo soy tan pusilánime en cuestión de ponerse a hacer algo...

Además, en este cuarto se está bien. Se tiene todo cuanto necesita un hombre para vivir... Internet; un buen libro - Fear and Loathing in Las Vegas -; la guía de Canadá de Lonely Planet - para planear lo que iba a hacer hoy (ayer) o lo que haré mañana (hoy); una cama y algo de attrezzo (una lámpara, un taburete a modo de mesilla, una silla a modo de silla, un albornoz promocional de España, bolsas por el suelo y mis enseres personales... ¿He comentado que tengo internet?). Pues eso, que por tres días que haga el perro, no va a pasar nada, así que no preocuparse porque me lo esté tomando con calma.

Ya sé que el gran héroe decepciona con su falta de motivación para quemar las calles torontianas (¿o es torontonteras?) y con su nula determinación para recolectar historias que luego os vaya a contar. Tampoco es que se esté caracterizando por la profusión de material gráfico que os está mandado; pero, pensándolo bien... ¿Quién coños dijo que fuese vuestros ojos y oídos en la tierra de las oportunidades - mierda, me volví a colar, esa la tiene registrada los EE. UU. - ? Quién quiera saber de Toronto que consulte la edición virtual del Toronto Sun.

Y para el resto, pequeños grandes logros, como mi primera lavadora con éxito. Para aquellos que hayáis viajado por el norte de Europa, sabréis que en determinados países eso de tener una lavadora en casa es poco más que una anécdota. Canadá es de esos. Aquí la lavadora es común y se encuentra en el sótano. Hacer la "laundry" es todo un acontecimiento para todos los recién llegados con nuestras prácticas del más allá intactas aún. De hecho, el otro día bajé, seguí con determinación las instrucciones y me tuve que subir con mi bolsa de ropa sucia bajo el brazo de vuelta a casa. Hombre, cuando eso lo hacen los tripulantes del Apolo XIII, que tras un cúmulo de catástrofes volvieron a la tierra sin haber puesto un pie en la luna, pues tiene su justificación; pero en mi caso, el sentimiento de inutilidad total no tenía palabras (en ese caso me pudo la primera acepción de "desidia"). Hoy bajé, hice uso de mi arsenal de "quarters" (monedas de 25 céntimos, las únicas que valen para los aparatitos), metí mi ropa en la lavadora y me dije eso de que "la voluntad es poder"... Acojonada, la lavadora casi se puso en marcha antes de introducir las monedas, electrizada por mi ímpetu ganador. Lo de la secadora fue más fácil; ese engendro con puerta de horno es, si cabe, más impresionable que su húmeda prima (umm... jugosas connotaciones; creo que Freud ya escribió sobre el encierro y la líbido).

Y eso nos lleva a que son las 19:39, que estoy casi acabando esta entrada del blog y que, una vez acabe no sé qué voy a hacer. Posiblemente, surfear por la Red de redes a ver si me topo con algo de interés. Pero eso será ya otra historia. Atentamente, Txetun desde un cuarto.

7 comments:

Anonymous said...

hombre tío... todos sabemos por las series yanquis que a la lavandería del sótano se va a conocer a la vecina del 3ºA. Una decepción tu aventura con las monedillas, aunque a la par es divertida. Emigro a tierras extremeñas donde propagaré tu mensaje de paz y amor a los pueblos del mundo.

Anonymous said...

El primo Javito tiene razón, lo del cuarto de las lavadoras es el típico donde puedes "ojear" el género femenino de la comunidad. A ver cuando le haces una foto a Malakas pa que le veamos, y a la Rigoberta Menchú, que por tu descripción se pondrá de tacos y jalapeños hasta las cejas.
Lo de la desidia no lo tengas mucho en cuenta ahora, que son los primeros días y es normal que se te pasen eternos sin tus añorados bocatas de jamón y tus cañas. Lo del Choskin, por lo que veo, será dificil que te lo grabe alguien, puesto que no hay mucha motivación para tragarse el programa. Ya nos pasaremos algún día por la feria del libro a verle (que firma el tío oyes), pero me da que le va a comprar el libro el Tato Abadía.

Anonymous said...

por cierto, el usuario anónimo soy yo... Goso, que no sé como poner mi puto nombre

Anonymous said...

El Choskin no salió en "Cuarto Milenio" el pasado domingo. Te lo digo yo que me lo trago todas las semanas para quedarme sobao...Y el Vargas que no se haga el sonco que él también se traga el programa.

Yolinda Willboure said...

lívido, da.
(Del lat. livĭdus).
1. adj. amoratado.
2. adj. Intensamente pálido.

libido.
(Del lat. libīdo).
1. f. Med. y Psicol. Deseo sexual, considerado por algunos autores como impulso y raíz de las más varias manifestaciones de la actividad psíquica.

Esto es lo único k tengo k objetar, el del acento es el referente al color de la piel y el otro va sin acento. Es sólo para recordar como incluso los más versados en letras metemos la pata. (por cierto, k esto a mí también me pasaba y me lo tuvo k aclarar un Ingeniero de Caminos... ) Un beso ;)

Yolinda Willboure said...
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Anonymous said...

Eso por no mencionar el pequeño detalle de que uno lleva "v" y el otro "b".

Eso es lo "k" yo tengo "k" objetar.

Claro que, cuando alguien que escribe en un blog como si estuviera escribiendo en el móvil se incluye entre "los más versados en letras", ya me lo espero todo.

A menos que haya un sutil matiz irónico que se me escapa, claro.